Danza-terapia por la Paz

Danza terapia en Educación por la Paz
“Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión.” (Paulo Freire).
Después de tres años trabajando en una ONG dedicada a la Educación por la Paz, y posteriormente a los estudios de Danza Movimiento Terapia y Mediación de Conflictos, decidí intentar desarrollar un método que permitiese utilizar las dos disciplinas conjuntamente para el mismo fin.
La paz no es solo ausencia de guerra, ni significa ausencia de conflictos. Las relaciones humanas son siempre conflictivas y la superación pacífica y positiva de estas situaciones es la auspicable forma de convivencia armónica de las distintas culturas, pueblos, religiones, sexos, razas.
Enrico Euli, teórico de la mediación de conflictos, en su libro “Casca il Mondo” (Ed. La Meridiana), nos habla de la importancia de “imaginar una cultura en la que las discusiones no sean vistas en términos de guerra…sino cómo una danza cuyo objetivo sea la representación equilibrada y estéticamente placentera”,
Muchas veces las palabras engañan, no reflejan nuestro pensamiento real. En cambio el movimiento nunca engaña, es el reflejo de nuestras emociones más profundas. Existe una estrecha relación entre cuerpo y mente.
Durante este último año me he dedicado a investigar el movimiento de grupos de niños de diferentes Países del mundo, trabajando en centros sociales, orfanatos, escuelas y asociaciones locales. La edad media de los participantes a las sesiones está entre 5 y 8 años.
Los niños suelen ser muy receptivos, y responden muy bien a una “comunicación a través del movimiento”.
La líder del grupo asume el papel de facilitadora, de hecho no se trata de un grupo terapéutico, sino de un grupo de juegos pedagógicos. Su tarea es la de “facilitar” la comunicación entre los participantes.
Mi idea de base es la de construir un lenguaje común a partir del cuerpo en movimiento. Es muy importante encontrar un ritmo común dentro del grupo (pilares de Marian Chace). Se empieza con un círculo, la facilitadora observa muy bien a los participantes, y empieza a reflejar empáticamente los movimientos microscópicos que va captando entre ellos/as. Tiene que exagerar los movimientos para que los niños los reconozcan claramente como suyos y puedan jugar con sus propias creaciones quinésicas. Una vez identificado el ritmo del grupo (que se remarca con los pies, las manos, otras partes del cuerpo, incluso con la voz), la líder tiene el “poder de mover el grupo a su placer”, y lo puede llevar a las siguientes dinámicas (el grupo se reconoce como grupo, y reconoce la autoridad de la facilitadora, se deja llevar y al mismo tiempo aporta nuevas variantes a los movimientos en un feed-back constante). La facilitadora es como la caja de resonancia del grupo.
Quiero destacar la importancia de la voz. Muchas veces en DMT nos olvidamos de las cuerdas vocales, pero ellas también pueden “bailar” y resonar junto con el resto del cuerpo.
(http://www.youtube.com/watch?v=g5a7ASjmKYI)
En Educación por la Paz tiene un rol relevante el Conflicto. No podemos huir de él. El conflicto es vital, inevitable, y hasta útil si se sabe aprovechar su dinámica (genera mucho movimiento) y reconvertirla de forma creativa.
En todos los grupos con los cuales he trabajado, siempre ha aparecido algún conflicto. Mi idea para enfrentarlo se basa en los siguientes postulados:
1) Reconocer el conflicto a través de una simbólica representación ritual-apotropáica del mismo (presentación del conflicto delante del grupo, a través de objetos metafóricos y movimientos relacionados con el malestar que provoca el conflicto. A veces coreografía del conflicto/puesta en escena)
2) Desarrollo lúdico del conflicto, con la única condición de no causar daño físico a nadie, ni siquiera a uno mismo.
Ejemplo: en un campamento de refugiados birmanos en Tailandia, las niñas tenían un fuerte conflicto con los niños, por disfrutar estos últimos de privilegios sexistas-no tener que cuidar de los hermanitos pequeños, tener derecho a jugar con los escasos juguetes del campamento antes que las niñas, poder comer una ración más grande de arroz, etc. Para escenificar el conflicto hicimos dos grupos, uno de niñas y otro de niños. Los dos grupos se enfrentaron con danzas de guerra que recordaban las danzas maoríes. Las niñas sacaron toda su rabia a través de movimientos muy directos en el espacio, con peso fuerte, medianamente rápidos y de flujo contenido. También sus caras participaron con muecas para asustar a los niños-sacando la lengua, abriendo bien los ojos y la boca y emitiendo gruñidos.
Los niños hicieron lo mismo. Yo pedí a los dos grupos de exagerar los movimientos, luego de hacerlos chiquitos, luego de moverse muy despacio, luego muy rápido (variaciones de los elementos del movimiento según el método Laban). Acabaron riéndose a carcajadas y mezclándose los dos grupos de forma espontánea.
Damasio, en su libro “El error de Descartes”, evidencia cómo las personas actúan y toman decisiones a partir de las emociones, y que por este motivo resulta importante transformar las emociones que provocan dolor de manera que no condicionen nuestros comportamientos. Las dinámicas en movimiento propician esta transformación. El clima lúdico permite a los participantes de moverse en un espacio emocional seguro, donde se puede enfrentar el conflicto y “jugar” con él, hasta redimensionarlo.

Federica Sestu